domingo, 17 de junio de 2012

HAY QUE ESTUDIAR


 Lo siento por el burro a quien siempre escogemos como ejemplo de ignorancia censurable, aunque en la obra del poeta Juan Ramón Jimenez, el "Platero", el tierno borrico por el contrario, nos representa el valor de la amistad, entre otros, al lado de sus muchos amigos animales, dentro de los cuales se destaca una perrita, de nombre divinal.

 Por Lebb.

Un hombre llegó donde un sabio con su hijo, y le pidió que se encargara de la educación del muchacho. El maestro le dijo que le cobraría doscientos mil pesos. Al rico le pareció mucha plata. Y replicó:
–– Con esa cantidad podría comprarme tres burros.
––Efectivamente, ––respondió el sabio–– le aconsejo que los compre: Así tendrá cuatro burros en vez de uno.

MORALEJA:
¡EL ESTUDIO NO OS DEJARÁ SER BURROS!

sábado, 16 de junio de 2012

EL AJEDREZ COMO ESTRATEGIA DE VIDA



El ajedrez es un ejercicio valioso de liderazgo: Quien lo practica, es un General. Y cuenta con  oficiales de poderosa jerarquía y con soldados competentes. En la vida es de suma importancia sentirse y ser  caudillo del propio presente.

 Por Lebb

 La vida no es exactamente un ajedrez. No soy rey, ni mi vecina una reina. Pero mi existencia y la de mi vecina son verdaderos campos de acción que exigen de nuestras inteligencias determinaciones constantes, para que funcionen apropiadamente. Sin decisiones no hay acciones. Y sin acciones somos difuntos. Jugamos ajedrez pensando en firme, proyectando resultados dos, tres, cuatro movimientos adelante. Alzamos los ojos más allá del primer cajón, porque el peligro puede estar en el cuadro negro un poco más adelante. Si la decisión del movimiento es precisa, obtendremos grandes resultados, pero si es irreflexiva o errada las consecuencias podrían ser funestas.

 Deberíamos,  sin argumentar demasiado,  reconocer en el ajedrez a un maestro efectivo y ameno que nos adiestra en la labor  del pensamiento preventivo, antes de la acción efectiva; promoviendo por lo tanto la buena costumbre de pensar bien y pausadamente antes de dar pasos importantes que afectarán el destino de nuestras propias historias, o por lo menos,  provocarán el éxito o el fracaso de proyectos que escalonan la realización personal.

Es curiosa la actitud de los principiantes en la disciplina. No saben qué hacer. Miran hacia los lados como buscando un soplón que decida por ellos. Es cuando uno advierte que igual les pasa a quienes no se entrenan apropiadamente para utilizar el cerebro en la toma de las decisiones que los afectarán de una u otra manera: resultan víctimas fáciles de las jugadas de otros que para mal sí saben utilizar la cabeza. El aprendiz es cándido y la medida de su pensamiento no supera el movimiento inmediato de un peón. Cuando aprenda será muy listo y saludablemente malicioso. Sus pensamientos medirán el riesgo frente a las intenciones encubiertas del adversario hábil. Destreza fundamental para bandeárselas con éxito en un mundo tan competitivo como engañoso.

El aprendiz temerá perder fácilmente sus piezas ante su depredador mental. Pero le servirá de remedio para no ser orgulloso, sino humilde mientras mejora sus habilidades de juego. Después, cuando ya detecte las intenciones del oponente con anticipación y, en consecuencia,  efectúe movimientos efectivos, su autoestima estará en la cumbre y su mentalidad será la de un triunfador. Valores muy importantes para sortear con altas opciones de victoria todo el ejército de retos que nos plantea la sociedad actual.

 Este maestro -o sea el ajedrez-, nos va enseñando también que habrá momentos duros y difíciles, habrá que perder piezas costosas o sacrificar de forma aparentemente inútil otras, dentro de la estrategia general por controlar el tablero. Una lección inapreciable para no desesperar en la vida cuando perdemos seres extremadamente valiosos, o cuando, en aras de resultados beneficiosos para el espíritu o para el desarrollo personal o de la comunidad que nos rodea, nos toca renunciar a ciertos bienes, a ciertas comodidades legítimas o a ciertos placeres bonitos.

 Además de encauzarnos por las sendas de las decisiones meditadas, nos ejercita también en el arte difícil de administrar la soledad, porque quien juega ajedrez  está realmente solo, a merced de sus habilidades mentales, de su ingenio personal y de su carácter. Pero esto no quiere decir que propicie el individualismo o el egocentrismo, sino que exalta la conciencia de la individualidad. Lección muy significativa en este mundo inclinado a la masificación o al culto de la personalidad ajena, a despecho de la identidad particular.

 Por lo demás, el ajedrez un ejercicio valioso de liderazgo. Quien practica el juego, es un General. Cuenta con  oficiales de poderosa jerarquía y con soldados competentes. En la vida es de suma importancia sentirse y ser  caudillo del propio presente más que del destino. El ajedrecista está llamado a vivir intensamente el ahora y no el después. Él sabe que un movimiento falso ahora será una perdición después. Una enseñanza única, sobre todo para las mentes juveniles que se la pasan soñando en futuros remotos mientras malogran o desperdician sus presentes.